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La reaparición de casos de scrapie en la región volvió a encender las alarmas en el sector ovino, especialmente tras la confirmación de focos en Argentina hace algunos días. Se trata de una enfermedad neurodegenerativa que afecta a ovinos y caprinos, también conocida como “tembladera”, y que integra el grupo de las encefalopatías espongiformes transmisibles.
El tema, que durante años se mantuvo fuera del radar sanitario local, había tenido antecedentes en países como Brasil y Paraguay. Sin embargo, su reciente detección en establecimientos argentinos, particularmente en animales de la raza Dorper, genera preocupación por la cercanía geográfica y los vínculos comerciales.
En diálogo con Actualidad Agropecuaria, el Dr. Jorge Bonino Morlan explicó que se trata de una enfermedad “complicada desde el punto de vista sanitario y comercial”, aunque aclaró que no representa un riesgo directo para la salud humana, a diferencia de otras patologías del mismo grupo como la Encefalopatía espongiforme bovina o la Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob.
Uno de los aspectos más desafiantes del scrapie es su largo período de incubación, que puede extenderse entre tres y cinco años. Durante ese tiempo, los animales pueden portar la enfermedad sin presentar síntomas, lo que dificulta su detección temprana. Cuando se manifiesta, los signos incluyen alteraciones neurológicas, incoordinación y un característico rascado persistente.
Bonino fue enfático en señalar que “no es un problema de raza”, pese a que los casos recientes estén asociados al Dorper, y advirtió que el verdadero foco debe estar en los movimientos de animales y en los sistemas de control sanitario.
Actualmente, Uruguay mantiene el estatus de país “no diagnosticado con vigilancia”, lo que implica que nunca se ha confirmado la presencia de la enfermedad, pero sí se realizan controles activos. Este posicionamiento es clave para sostener el acceso a mercados internacionales, especialmente en un contexto donde la carne ovina viene ganando protagonismo.
“El mayor riesgo no es solo sanitario, sino comercial”, sostuvo el especialista, señalando que la aparición de la enfermedad puede derivar en restricciones para la exportación de animales en pie, genética y productos con hueso.
En ese sentido, el llamado es claro: reforzar la vigilancia a nivel predial. Los productores deben estar atentos a cualquier comportamiento anormal en los animales, especialmente síntomas nerviosos o cuadros de picazón que no respondan a causas habituales como sarna o piojos.
Ante cualquier sospecha, la recomendación es recurrir al veterinario de confianza y notificar a los servicios oficiales. “No se trata de generar alarma, sino de actuar con responsabilidad para preservar el estatus sanitario del país”, concluyó Bonino.





