
Completa y destacada: así es la oferta de Cánepa en Plaza Rural
21 de abril de 2026Por Martín Ferreira Pinto @tinchoferreirapinto
En Actualidad Agropecuaria volvimos a poner sobre la mesa un tema que, por cotidiano, corre el riesgo de naturalizarse, pero que en el fondo genera una profunda preocupación: el estado de las rutas en el norte del país.
En diálogo con el escribano Luis Zaldua, principal de la firma consignataria que lleva su nombre y que mensualmente realiza remates feria en Carumbe y en Guaviyu de Arapey, abordamos una realidad que atraviesa a productores, transportistas y a toda la población: el deterioro sostenido de vías clave como las rutas 31 y 4, fundamentales para la conectividad regional y el desarrollo productivo.
“Es alarmante”, resumió Zaldua sin rodeos. Y no es una afirmación aislada. A pesar de anuncios reiterados a lo largo de distintos gobiernos y administraciones, la situación estructural de estas rutas prácticamente no ha cambiado en décadas. Tramos que se reparan reiteradamente, soluciones transitorias que desaparecen con la primera lluvia y una falta de mantenimiento que termina agravando el problema.
A esto se suma un factor crítico: la seguridad vial. La aparición constante de pozos, muchos de ellos de gran porte, sumado a la escasa o nula señalización en varios tramos, convierte la circulación, especialmente en horas de la noche, en una actividad de alto riesgo. Los siniestros de tránsito, vuelcos y accidentes se reiteran, configurando un escenario que ya no admite prolongaciones.
El problema no se limita únicamente a las rutas nacionales. La caminería rural, históricamente relegada, presenta un estado aún más complejo, con caminos que llevan años sin intervenciones significativas. En territorios donde no existen alcaldías, la sensación de abandono es aún mayor, pese a tratarse de zonas productivas donde se genera empleo y movimiento económico.
Zaldua también recordó antiguas expectativas, como el proyecto del corredor bioceánico que posicionaba a la Ruta 31 como eje estratégico. Sin embargo, con el paso del tiempo, esas iniciativas quedaron lejos de concretarse, alimentando la frustración de quienes viven y trabajan en la zona.
El trasfondo del problema es más profundo: la falta de infraestructura impacta directamente en el desarrollo del interior. La despoblación, la pérdida de dinamismo productivo y la dificultad para sostener actividades tradicionales no son fenómenos aislados, sino consecuencias de una conectividad deficiente.
“Se juega con la gente”, señaló Zaldua, en una frase que sintetiza el sentir de muchos norteños. La reiteración de promesas incumplidas y la ausencia de soluciones de fondo terminan erosionando la confianza.
En este contexto, el próximo Congreso de la Federación Rural, que contará además con la participación del Congreso de Intendentes, aparece como una oportunidad relevante para visibilizar esta problemática a nivel nacional. El desafío, será pasar del diagnóstico, que ya es ampliamente conocido, a la ejecución de políticas concretas que atiendan una deuda histórica con el norte del país.





