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El presidente de la Federación Rural, Rafael Normey, participó del acto inaugural de la Expo Chiflero, en Artigas, donde planteó una fuerte reivindicación del Uruguay agropecuario y reclamó que ese reconocimiento se traduzca en decisiones políticas concretas. Cuestionó la falta de avances en materia de competitividad, el centralismo, la presión fiscal y los problemas de seguridad rural, con especial énfasis en la problemática de los perros sueltos y el impacto que tiene sobre la producción ovina.
Ante un importante marco de público, con una destacada presencia de jóvenes y autoridades departamentales, Normey valoró el dinamismo que observa en el norte del país y sostuvo que Artigas tiene condiciones para impulsar un proceso de desarrollo productivo que necesita mayor respaldo de las políticas públicas.
«Tenemos que ser conscientes del hermoso país que tenemos y de que Uruguay está llamado a poder lanzarse hacia otro estadio de desarrollo. Todo lo que Uruguay produce hoy en el mundo lo piden, lo quieren, lo valoran y lo pagan. Estamos teniendo oportunidades que creo que son históricas para nuestro país», expresó.
Sin embargo, advirtió que las posibilidades de crecimiento no están siendo aprovechadas plenamente por problemas estructurales que condicionan la actividad. En ese sentido, fue enfático al señalar que las dificultades para crecer no responden a la falta de iniciativa de los productores, emprendedores o empresarios, sino a las condiciones en las que deben desarrollar su actividad.
«Si no podemos desarrollarnos más, no es por culpa de los productores, ni de los emprendedores, ni de los empresarios. Es porque tenemos todos esos problemas estructurales que tenemos que solucionar», afirmó.
El país agropecuario debe traducirse en decisiones
Uno de los principales conceptos de su intervención estuvo relacionado con la necesidad de que Uruguay asuma definitivamente su identidad agropecuaria y que esa condición tenga consecuencias concretas en las decisiones de gobierno.
Normey reconoció que cada vez es más frecuente escuchar a autoridades nacionales reconocer que Uruguay es un país agropecuario, pero consideró que todavía falta dar un paso fundamental: que esa visión se transforme en políticas públicas.
«No es solo reconocer que somos un país agropecuario, sino empezar a generar esa conciencia de que las decisiones de los políticos tienen que ir en ese sentido», sostuvo.
En ese marco, mencionó algunos de los principales problemas que enfrenta el sector, como el 1% municipal, la caminería rural, la inseguridad y el atraso cambiario, al que definió como «un ancla impresionante para el desarrollo del Uruguay».
Para el presidente de la Federación Rural, el país necesita que las oportunidades comerciales que hoy existen encuentren un entorno favorable para traducirse en mayor producción, inversión y generación de empleo.
La producción ovina, una oportunidad de crecimiento inmediato
La situación del rubro ovino ocupó un lugar destacado en su discurso. Normey planteó que Uruguay cuenta con una oportunidad extraordinaria para recuperar la producción y generar un crecimiento significativo en muy poco tiempo.
Explicó que el país pierde anualmente unos 760.000 corderos por diferentes motivos y consideró que, si se lograran mejorar las condiciones para su supervivencia, el sector podría incrementar su producción hasta un 50% de un año para otro.
«No existe en el mundo ningún otro negocio que pueda crecer de un año para el otro un 50%. Ese es el rubro ovino en Uruguay. Las posibilidades las tenemos», afirmó.
Luego del acto protocolar, en diálogo con Actualidad Agropecuaria, Normey profundizó sobre la realidad del sector y manifestó su preocupación por la caída del stock ovino nacional.
«Uruguay hoy tiene lamentablemente 4 millones y medio de cabezas de ovinos. Es muy poca oveja la que queda en el país», señaló.
No obstante, destacó que existen mercados con una demanda importante y buenos valores tanto para la carne como para la lana, lo que representa una oportunidad para recuperar una actividad que históricamente tuvo un fuerte impacto económico y social en el interior.
Normey recordó especialmente el papel que cumplía la producción ovina en las economías locales, cuando la esquila generaba ingresos que dinamizaban pueblos y sostenían a numerosas familias rurales.
En ese sentido, sostuvo que la recuperación del rubro también implica una oportunidad para los pequeños y medianos productores, por su capacidad de generar empleo y distribuir ingresos en el territorio.
Perros sueltos e inseguridad: problemas que desalientan la producción
El titular de la Federación Rural también hizo referencia a dos problemas que considera determinantes para el desarrollo de la actividad ovina: los ataques de perros sueltos y el abigeato.
Advirtió que la falta de soluciones genera un fuerte desestímulo para los productores, que muchas veces deben enfrentar pérdidas importantes de animales y la incertidumbre de no saber si podrán mantener sus majadas.
«Mañana te podés levantar y encontrarte con la majada destrozada por los perros, o pasado mañana despertarte y encontrarte con que te la robaron. Todo eso genera un desestímulo muy importante», expresó.
Sobre la problemática de los perros, planteó la necesidad de incorporar al Ejército en un plan integral que permita abordar la situación de los animales que se encuentran sueltos y sin tenencia responsable.
Aclaró que la propuesta no apunta contra las mascotas debidamente cuidadas, sino a encontrar soluciones para los perros que generan perjuicios en la producción y también riesgos para la salud humana.
Asimismo, consideró que se necesita una mayor coordinación entre los organismos involucrados, incluyendo Policía y Fiscalía, para que las denuncias y los procedimientos tengan consecuencias efectivas.
Descentralización y desarrollo del interior
Normey valoró especialmente el escenario observado en la Expo Chiflero y la respuesta del público artiguense.
«Un marco de público espectacular, mucha gente, mucha gente joven y mucha gente interesada. Creo que fue un acto inaugural que estuvo a la altura de las circunstancias», manifestó.
También destacó el potencial productivo del departamento y sostuvo que Artigas es una de esas zonas del territorio nacional que muchas veces quedan rezagadas en las grandes decisiones.
«Es un departamento dinámico, que está pidiendo cancha para evolucionar. El entusiasmo está, el negocio hoy por hoy ganadero da y creo que el impacto de cualquier política que se aplique va a ser inmediato y enorme», afirmó.
En esa línea, cuestionó el histórico centralismo del país y sostuvo que cuanto más lejos se encuentra una región de Montevideo, más alejada queda de las grandes decisiones.
Para Normey, Uruguay necesita apostar al desarrollo regional, generar oportunidades y ofrecer condiciones que permitan retener a la población en el interior.
«El Uruguay debe descentralizarse, debe apostar a los desarrollos regionales y, sobre todo, retener a la gente en buenas condiciones», expresó.
Críticas a la falta de medidas concretas del Gobierno
Consultado sobre la gestión del actual Gobierno y las respuestas a los planteos del sector agropecuario, el presidente de la Federación Rural consideró que, hasta el momento, ha predominado el discurso por encima de las decisiones concretas.
Como ejemplo, mencionó el reclamo histórico por la eliminación del 1% municipal, una reivindicación que, según explicó, cuenta con adhesiones del Poder Ejecutivo, el Congreso de Intendentes y el sistema político, pero que todavía no se ha concretado.
«Es un poco lo que pinta lo que está haciendo este Gobierno: apostar al diálogo, a lo discursivo, a los anuncios. Pero después, cuando vamos a lo concreto, muy poco», cuestionó.
También se refirió al planteo de avanzar hacia un pacto nacional para el desarrollo agropecuario y consideró que el país ya conoce buena parte de las medidas que necesita implementar.
«Lo que hay que hacer ya se sabe. Los gobiernos lo que tienen que hacer es hacerlo», afirmó.
En cuanto a la ley de competitividad, valoró que avance en aspectos vinculados a la desregulación y la desburocratización, aunque advirtió que no aborda otros componentes centrales para la producción, como el atraso cambiario, la presión fiscal, las relaciones laborales y el costo de la energía.
A su entender, Uruguay continúa postergando decisiones importantes mientras enfrenta un escenario internacional que podría ofrecer condiciones favorables para un mayor crecimiento económico.
Conflictividad laboral y una señal negativa para las inversiones
Otro de los ejes centrales de sus declaraciones fue la preocupación por la conflictividad sindical y sus consecuencias sobre la actividad productiva y las inversiones.
Normey mencionó las dificultades registradas en el puerto, la industria láctea y la actividad frigorífica, y sostuvo que la amenaza permanente de paralizaciones genera incertidumbre y afecta la imagen del país ante potenciales inversores.
«El Uruguay arrastra una lógica del conflicto como forma de relacionarnos entre nosotros. Ese conflicto permanente y esa amenaza permanente no le están haciendo bien al país», señaló.
Consideró que el derecho de los trabajadores a manifestarse debe ser respetado y defendido, porque forma parte de la democracia, pero advirtió que también deben existir límites cuando las medidas adoptadas generan perjuicios desproporcionados.
«El exceso de ese derecho es una patología. Cuando el reclamo no guarda relación con la situación que se está reclamando, es imperioso que haya un árbitro de arriba que diga cuál es el límite. Y ese es el Estado», expresó.
En particular, recordó las consecuencias de los conflictos portuarios y sostuvo que el perjuicio no se limita a las pérdidas económicas inmediatas, sino que también puede comprometer mercados y clientes que Uruguay necesita conservar.
«No podemos pensar que alguien depende de Uruguay. Si se va, se va para otro lado. Esa visión de desarrollo nacional nos está faltando», advirtió.
Finalmente, insistió en que el país debe recuperar la confianza en sus propias capacidades, generar condiciones para quienes producen e invierten y abandonar una dinámica que, a su entender, está frenando las posibilidades de crecimiento.
«Tenemos que cambiar esa lógica, creer en nosotros mismos, porque creo que podemos revertir la situación sin depender de grandes salvavidas internacionales», concluyó.





