
Expointer 2026: casi 8.000 animales inscriptos y fuerte crecimiento de los rústicos
26 de agosto de 2026Por Martín Ferreira Pinto @tinchoferreirapinto
El avance de la garrapata hacia nuevas zonas del litoral, la creciente resistencia a determinados productos y el riesgo de residuos en carne constituyen hoy una de las principales preocupaciones sanitarias para muchos establecimientos ganaderos. Así lo señaló Carlos Arocena, productor y consignatario norteño, al analizar una problemática que durante años estuvo asociada principalmente al norte del país y que, según sostuvo, ahora comienza a sentirse con fuerza en otras zonas del país.
Arocena, representante de Zambrano & Cìa. en Artigas, reconoció que el último otoño-invierno fue particularmente complejo en varios establecimientos del departamento de Paysandú. A su entender, se está repitiendo allí una situación que Artigas atravesó años atrás, cuando la falta de experiencia y conocimiento frente a una problemática que hasta entonces no tenía la misma magnitud generó importantes dificultades.
“En Artigas el tema no está solucionado, pero está como queriendo dominarse”, señaló. Explicó que luego de utilizar distintos productos, drogas, métodos y plazos de aplicación, la situación parece estar más controlada, aunque persisten casos de resistencia.
El productor relató experiencias concretas que muestran la complejidad del problema. Según explicó, determinados productos pueden funcionar sobre la mayoría de los animales, pero dejar un porcentaje con garrapatas vivas. “Ya hay resistencia a algunos productos”, advirtió.
Para Arocena, la respuesta no pasa exclusivamente por encontrar un nuevo producto, sino fundamentalmente por mejorar el conocimiento y las prácticas de manejo.
“Creo que pasa por educación”, afirmó, incluyendo en ese concepto a productores, veterinarios, capataces y trabajadores rurales.
En ese sentido, remarcó que muchas veces los tratamientos no alcanzan los resultados esperados porque existen fallas en la operativa diaria: animales que no concurren al tratamiento, vacas recién paridas, animales rengos o faltantes que posteriormente vuelven al rodeo, y registros que no siempre se realizan correctamente.
“Con todo lo que eso lleva en la palabra educación”, resumió, como una de las claves para enfrentar el problema.
El segundo tiempo: los residuos
Pero la preocupación no termina con el control del parásito. Para Arocena, el sector está entrando en una segunda etapa del problema: el impacto que puede tener el uso de productos de larga acción sobre los residuos en carne y, por lo tanto, sobre el acceso a los mercados.
“Hemos dado mucho producto y no hemos tenido la precaución de hacer bien los controles”, sostuvo.
Especial énfasis puso en determinados productos utilizados para combatir la tristeza parasitaria, cuyos períodos de espera pueden superar los 200 días. Según explicó, muchas veces no existe una identificación clara de los animales tratados que permita posteriormente saber con certeza cuáles no pueden ser enviados a faena.
Arocena contó que, en su propio caso, tomó una decisión preventiva: no enviar a frigorífico animales gordos de un establecimiento donde se utilizó un producto de largo período de espera hasta que haya transcurrido el plazo correspondiente.
“Creo que la única manera de estar seguro es: dimos tal cosa, no sale un animal gordo a la industria hasta que pase por lo menos el período de espera del producto”, afirmó.
También cuestionó el criterio de diferenciar entre carne destinada al mercado interno y carne de exportación cuando existe un problema de residuos.
“Si el producto es malo, es malo para todo”, enfatizó, al recordar una discusión mantenida con un productor que planteaba destinar animales tratados al abasto interno.
Para Arocena, la responsabilidad sanitaria debe ser la misma independientemente del destino de la carne.
Registros: una medida necesaria, pero difícil de aplicar
Consultado sobre las medidas adoptadas por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca para mejorar el control y registro de los tratamientos, consideró que “todo ayuda”, aunque manifestó dudas sobre la capacidad de llevar esos procedimientos a la práctica en todos los establecimientos.
El problema, explicó, aparece en situaciones cotidianas del trabajo rural.
Un animal puede recibir una inyección un domingo, durante la ausencia del responsable habitual, sin que exista en ese momento la herramienta necesaria para registrar correctamente el número de caravana o identificar físicamente al animal.
“Yo lo hago, el capataz que tengo lo hace”, explicó, pero advirtió que no necesariamente ocurre lo mismo en todas las circunstancias.
Por eso insistió en que la capacitación y la educación deben ser parte central de la estrategia.
Un mercado ganadero “muy, muy firme”
En la segunda parte de la entrevista, Arocena analizó el mercado ganadero, que atraviesa un momento de fuerte firmeza.
Atribuyó parte de este comportamiento a la recuperación de las pasturas y praderas, especialmente a partir de mediados de junio. Si bien las posteriores heladas afectaron parcialmente el crecimiento, el productor señaló que se produjo una mejora importante respecto de un invierno que venía particularmente atrasado.
“Un mercado muy, muy, muy firme”, describió.
A su entender, el escenario productivo es actualmente muy positivo, aunque todavía falta temperatura y horas de sol para terminar de aprovechar el potencial de la primavera.
“Prefiero que se mantengan a que sigan subiendo”
A pesar de reconocer la fortaleza de los valores y la existencia de plantas industriales con necesidad de ganado, Arocena planteó una advertencia: precios excesivamente altos también pueden terminar siendo perjudiciales para la propia cadena.
“Si sigue subiendo mucho, es un riesgo muy grande”, afirmó.
El productor sostuvo que históricamente prefiere los mercados firmes y sostenibles antes que las situaciones extremas.
“Las cosas extremas a mí nunca me gustaron. Siempre me gustó ir por el camino del medio, mirando lejos y a largo plazo”, explicó.
Consultado sobre qué nivel de precios consideraría razonable para el ganado gordo, señaló que estaría conforme con valores en torno a los US$ 5,70, US$ 5,80 o incluso US$ 6 por kilo.
“Con esos valores firmo cinco años más”, concluyó.





