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            5 de octubre de 2026

            75 años de Engraw: La lana uruguaya ante un mundo que vuelve a mirar las fibras naturales

            6 de octubre de 2026

            Tras la jornada internacional realizada en Salto por los 75 años de Engraw, Federico Raquet destacó la calidad de la lana uruguaya, la creciente demanda internacional por fibras naturales y la necesidad de cuidar los atributos del producto. Señaló además que las certificaciones serán cada vez más un requerimiento básico y llamó a los productores que apuestan por lanas más finas a tomar las decisiones en función de sus números y de las exigencias específicas de cada mercado.

            Por Martín Ferreira Pinto @tinchoferreirapinto

            La celebración de los 75 años de Engraw en Uruguay tuvo como uno de sus principales atractivos la presencia en Salto de destacados referentes internacionales de la cadena lanera. Luego de la jornada, Federico Raquet, director de la firma, realizó una evaluación positiva del encuentro y de la posibilidad de que representantes de distintos eslabones de la industria conocieran de primera mano la producción del norte del país.

            “Yo soy un fiel creyente de que la lana uruguaya es la mejor lana del mundo”, afirmó Raquet, destacando que el nivel de los especialistas que participaron de la jornada demuestra también la relevancia que mantiene Uruguay dentro de la industria textil internacional.

            Uno de los mensajes centrales que dejó el encuentro fue la necesidad de cuidar la calidad.
            “Como decían ellos, la calidad siempre va primero. Creo que hay buena calidad, pero también hay cosas para mejorar y trabajar”, señaló. Entre esos aspectos mencionó particularmente el proceso de esquila y otros elementos vinculados a la preparación de la lana.

            El riesgo de que falte lana
            Para Raquet, uno de los mensajes más positivos que dejó la visión internacional estuvo relacionado con la demanda futura.

            “Creo que fue claro el mensaje positivo de alguno que dijo que para ellos el riesgo más grande es que no haya lana, porque ven una demanda y un interés creciente por las fibras”, explicó.

            En ese sentido, consideró que existe espacio para que los valores continúen firmes, aunque advirtió sobre la necesidad de que el crecimiento de los precios sea sostenible y no responda a movimientos extraordinarios como los registrados durante el último año.

            “Ojalá que veamos una creciente de precios de forma sostenible y con no tanta rapidez como la que vivimos el último año. Pero creo que lo mejor es que, por lo menos, la lana valga y siga valiendo”, sostuvo.

            Afinar sí, pero con decisiones tomadas a conciencia
            Otro de los temas analizados fue el futuro de las lanas finas y ultrafinas en Uruguay, particularmente ante iniciativas que buscan avanzar hacia menores diámetros dentro de la producción Merino.

            Raquet evitó plantear una receta general para los productores y sostuvo que la decisión de afinar debe analizarse desde la realidad económica y productiva de cada establecimiento.

            “Es una decisión del productor en cuanto a la oferta, los costos, la demanda y los precios. Ellos conocen sus números; nosotros no somos quienes para decirles ‘te conviene afinar o no’”, explicó.

            A partir de su experiencia en los mercados internacionales, señaló que las finuras con mayor consumo se ubican en torno a las 19,5 micras, seguidas por las 18 y las 21 micras, aunque reconoció que existe también un mercado específico para lanas superfinas.

            La advertencia, en este caso, pasa por entender que se trata de un nicho con exigencias particulares.

            “Si se va a hacer, que se haga bien”, remarcó, haciendo referencia a que no solamente importa la finura, sino también parámetros como largo de mecha, cosecha y otras especificaciones que pueden determinar la posibilidad de ingresar o permanecer en determinados mercados.

            Certificación y diferenciación
            Las certificaciones también ocuparon un lugar importante en el intercambio internacional. Para Raquet, la tendencia es clara: cada vez tendrán mayor presencia y en determinados mercados pasarán de ser un diferencial a convertirse prácticamente en un requisito básico.

            “Sin duda que la certificación es una diferenciación y, como decían ellos, cada vez se va a transformar más en un requerimiento básico”, afirmó.

            Sin embargo, entiende que la diferenciación de la lana uruguaya no puede quedar exclusivamente atada a una certificación.

            El desafío, explicó, está también en ayudar a las marcas a transmitir al consumidor final el verdadero valor de una prenda confeccionada con lana.

            “Si nosotros no ayudamos a las marcas a convencer al consumidor de que un buzo de lana que vale 80 euros es una mejor opción que un buzo de poliéster que vale 15, ahí está el juego”, señaló.

            En esa construcción de valor intervienen la calidad, el confort, las características naturales de la fibra y también un componente emocional.

            “Mucho tiene que ver, como decía la mujer de China, con una decisión sentimental. Lograr que la persona se sienta bien con la compra”, explicó.

            Italia, un mercado histórico para Uruguay
            Finalmente, Raquet destacó el vínculo histórico entre la lana uruguaya y la industria italiana.

            “Nosotros venimos vendiendo lana en Italia desde 1951. Italia no es nueva en lo que es la compra de lana uruguaya”, recordó.

            Consideró que ese país continúa siendo un importante procesador y consumidor de fibras y que existe allí una valoración histórica por las fibras naturales.

            “Son fanáticos de las fibras”, resumió, entendiendo que ese mercado representa una de las alternativas de valor para la producción uruguaya.

            La jornada de Salto, en definitiva, dejó una mirada internacional favorable sobre la lana y, particularmente, sobre las posibilidades de Uruguay. Pero también planteó deberes para toda la cadena: cuidar la calidad, producir de acuerdo con las señales del mercado, avanzar responsablemente en las finuras, incorporar certificaciones y, sobre todo, trabajar en la construcción de valor de la lana frente al consumidor final.

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