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El mercado inmobiliario rural cerró el año 2025 con un balance positivo, impulsado principalmente por el buen momento que atraviesa la ganadería. Así lo señaló Pablo Albano, referente de Zambrano Propiedades, al analizar la evolución de las compraventas de campos y las expectativas para el nuevo año.
Según explicó, la ganadería volvió a convertirse en el principal motor del interés por la tierra, luego de varios años en los que el rubro había quedado relegado. La firmeza y la suba sostenida del precio del ganado durante gran parte del año, alcanzando valores récord históricos, comenzaron a trasladarse gradualmente al valor de la tierra, aunque con el rezago habitual que caracteriza a este mercado.
Albano aclaró que el aumento de los precios de los commodities no impacta de forma inmediata en el valor de los campos, sino que se refleja con cierta demora. No obstante, tras más de un año de buenos precios ganaderos, comenzó a observarse una mayor estabilidad y un leve crecimiento en el precio de la tierra. Si bien no se registraron subas significativas, el balance general del año fue bueno, en un contexto donde los valores de la tierra ya se ubican en máximos históricos.
Ese escenario de precios elevados también explica que se haya vendido una menor cantidad de campos y de superficie, aunque las operaciones que se concretaron lo hicieron a valores firmes. De cara a 2026, las expectativas son de continuidad, siempre que se mantenga el buen momento de la ganadería y la estabilidad general del país.
En cuanto a las perspectivas, Albano remarcó que la tierra sigue confirmándose como un refugio de valor para el capital. A pesar de que la rentabilidad agrícola no atraviesa su mejor momento, con una soja que se mantiene estable y sin acompañar la suba de la tierra, el interés por la compra de campos se sostiene. A esto se suma la estabilidad económica y política del Uruguay, un factor que es especialmente valorado por los inversores extranjeros.
No obstante, advirtió que en algunos casos puntuales se observan pretensiones de precios por encima de los valores de mercado, lo que puede enlentecer o frenar ciertas operaciones. En ese sentido, subrayó la importancia de no perder de vista la rentabilidad como elemento clave en la toma de decisiones de compra.
Respecto a los distintos tipos de campos, Albano indicó que los de mayor aptitud agrícola continúan siendo los más demandados y los que presentan menor oferta. Cuando aparece un campo agrícola en el mercado, se vende con rapidez y sin ajustes a la baja, algo que contrasta con lo ocurrido en ciclos anteriores. Los campos ganaderos, por su parte, vienen acompañando de forma paulatina la mejora del precio del ganado, especialmente aquellos con potencial de intensificación y mejoramientos, que son los más buscados por los inversores.
En términos de valores, los precios de la tierra al inicio de 2026 muestran un amplio rango. Los campos más productivos y mejor ubicados pueden alcanzar valores cercanos a los 11.000 dólares por hectárea, mientras que los campos de menor productividad se sitúan en el entorno de los 2.000 dólares. Los campos ganaderos de basalto se mueven entre 2.000 y 3.000 dólares, los ganaderos con posibilidad de mejoramientos entre 3.000 y 4.000, y los ganadero-agrícolas en el eje de los 4.600 a 4.700 dólares por hectárea. Los campos con perfil agrícola, especialmente en el litoral y con buena logística, superan los 7.000 dólares por hectárea.
Finalmente, sobre los campos con aptitud forestal, Albano señaló que el sector mantiene su actividad, aunque con menor disponibilidad de campos aptos, ya que los predios con altos porcentajes de suelos forestales son cada vez más escasos. Las operaciones existen, tanto entre fondos como a nivel privado, y cuando aparece un buen campo forestal, se vende con relativa rapidez. Si bien se han registrado algunas operaciones puntuales cercanas a los 4.000 dólares por hectárea, el valor más representativo para campos forestales de buena calidad ronda actualmente los 3.500 dólares.




