
Menos stock global, más oportunidades: el ovino vuelve a ganar espacio
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18 de febrero de 2026Por Claudino Ferreira Pinto @actualidadagropecuariauy
Más que futuro, tal vez tendríamos que hablar de «presente», sin olvidar el pasado. Claro, ya no hay 25 millones de ovinos, como hace 30 años, y ya quedaron en la mejor historia aquellos veteranos que le dieron vida a la raza. Y con referencia a nuestro Salto están los Chouhy, los Grasso, los Correa, los Jones, don Salvador Mattos, Olarriaga, Guggeri, Burutaran y seguramente algunos más que no nos vienen a la mente en este momento, pero en muchos de los casos, siguen sus hijos y nietos, alimentando esa llama que nunca se ha apagado, de revitalizar una genética de punta, incorporando nuevas sangres, adaptándose a los lógicos cambios que el mundo requiere. También un párrafo aparte para don Claro Telleria, con sus Merino Rambouillet, que seguramente alguien por ahí conserva alguna fotografía.
Se hablaba del Merino chico, liviano, que recibieron con el correr del tiempo, una transformación genética y necesaria, para que hoy se pueda hablar de encontrar en la raza, lana fina y buena y porque no, buenas carcazas. La ecuación ideal para el momento, donde la lana vale mucho y la carne ha logrado precios jamás vistos y una demanda sostenible, con mercados que están ávidos por lograr esta mercadería. La inmediatez del momento, en un mundo donde el mañana ya es hoy, y donde cada día más, se necesita manejar el diario del lunes, y el que se queda pierde el tren que nunca vuelve.
En la raza Merino, todos lo saben, por eso hace ya muchos años, comenzaron a trabajar intensamente en procura de objetivos claros, y sin duda lo han conseguido. Fue mucho el tiempo invertido, el esfuerzo y el sacrificio, con momentos muy buenos y de los otros también, donde desilusionados muchos quedaron en el camino, por múltiples factores externos al establecimiento, pero que afectaron seriamente al rubro. Los predadores, los perros, el abigeato, los mercados, los precios, fueron deteriorando al sector y se llevaron aquel histórico stock. Hoy con algo más de 4 millones de animales en el país, increíblemente hay gente que sigue apostando a la oveja. Y recordamos que no hace tantos años, en los locales feria, se vendían ovinos a 5 dólares. Un pollo asado valía más.
Pero la oveja, con la que siempre se pagaron las cuentas de los establecimientos, no aflojó. Y en los establecimientos chicos y medianos, siguen siendo el sustento de muchas familias. En los pueblos rurales, todo se movía con las esquilas. El rubro ovinos tiene un componente social muy importante. Y aquí la raza Merino, comenzó a trabajar muy fuertemente, apostando a las señales que daba el mundo y sus mercados. Y así nació el CRILU, un Consorcio que marcó un antes y un después en la raza. Afinar era la consigna, y vaya que se logró. Pero también todos los productores tomaron la posta y entendieron rápidamente el mensaje.
Y quienes seguimos muy de cerca el trabajo que hizo La Magdalena, con Diego Otegui muy seguro del camino que emprendía y un «Jano» Stirling, que si bien no proviene del Merino sus raíces están en la Corriedale, de ovejas sabe mucho y fue marcando y diseñando el camino a seguir. Hicieron un equipo muy sólido de trabajo, tanto en lo que hace a los Planteles, como en el trabajo con la majada.
Participamos de decenas de jornadas en el establecimiento. Se invirtió mucho tiempo en compartir experiencia y conocimientos, pero se llegó. Seguramente como lo han hecho otros criadores de la raza, La Magdalena le ha hecho en todo este tiempo, un aporte muy importante. Tomó los aspectos más determinantes de la oveja y fue creando un tipo de animal, que reúne todas las condiciones necesarias, para asegurar la mejor rentabilidad. Sin lugar a dudas y sin descubrir nada nuevo, la lana es el principal producto que produce la raza y allí hay que buscar, finura, rendimiento al lavado, peso, color, largo de mecha etc, etc., y hoy vemos cómo este tipo de emprendimientos y a todo nivel, son la mayor y mejor inversión que recibe la Sociedad en su conjunto.
Y hay datos que hablan por sí solos de este trabajo, El último remate de Cabaña La Magdalena, marcó una dispersión de la oferta para 62 compradores. Y aquí aparecen, nuevas cabañas y de las otras también que van comprando uno o dos carneros y algunos vientres, para ir armando sus propios planteles.
En definitiva, y terminado este relato, vaya nuestro homenaje y reconocimientos, a los que a pesar de todo, siguen creyendo en la oveja. Y dentro de ese contexto, el mejor recuerdo y agradecimiento, a quienes forjaron este camino, hace décadas atrás, y lo pusieron todo, para que el ovino y esta raza, hoy esté pasando por momentos de esplendor.





