
“Jacarandá” y “El Trafoguero”, los grandes campeones de la jura Brangus en el Prado
17 de septiembre de 2026Por Martín Ferreira Pinto @tinchoferreirapinto
El riego vuelve a ocupar un lugar central en la agenda productiva del Uruguay. En el marco de la 5ª Conferencia de Agricultura y Riego, desarrollada en la Rural del Prado, el coordinador general de la Comisión Ejecutiva Interministerial para Asuntos de Riego (CEIAR), el Ing. Tabaré Aguerre, anunció una serie de medidas orientadas a reducir los costos energéticos, mejorar los incentivos para la inversión y promover una nueva generación de proyectos de riego, con especial énfasis en los sistemas multiprediales.
Entre las principales novedades se encuentra el aumento de 250 a 800 kW del límite de potencia a partir del cual un regante pasa de la categoría de mediano a gran consumidor de UTE, además de la creación de un producto comercial zafral específico para riego, con menor incidencia de los costos fijos.
Según explicó Aguerre, el objetivo es remover uno de los principales obstáculos que enfrentan los productores que buscan ampliar la superficie bajo riego.
“Esta es la primera vez que hay una definición político-institucional que crea una institucionalidad transversal entre distintos ministerios”, señaló, al explicar el trabajo de la Ceiar, organismo que tiene como cometido diagnosticar los problemas existentes, mejorar las condiciones para promover el riego y avanzar hacia una estrategia nacional.
Una política transversal para el agua
Aguerre recordó que el riego no es una actividad nueva para Uruguay y que durante décadas tuvo un fuerte desarrollo vinculado fundamentalmente al arroz. En los últimos años, sin embargo, se produjo una expansión de los sistemas presurizados, especialmente mediante pivotes.
El desafío ahora es generar condiciones para que esa expansión alcance a otras cadenas productivas.
“Tenemos que desarrollar una estrategia nacional de riego de cara a apalancar el crecimiento y el desarrollo nacional, utilizando uno de nuestros principales recursos naturales”, sostuvo.
En esa línea, explicó que la estrategia no apunta a sustituir la inversión privada, sino a generar condiciones que permitan que esa inversión se concrete.
“El riego se ha desarrollado en Uruguay sobre la base de la inversión privada y la propuesta es que siga siendo una inversión privada promovida”, afirmó.
La herramienta principal será el régimen de promoción de inversiones, a través de beneficios fiscales vinculados a la Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones (Comap).
Menor costo energético y mayor previsibilidad
Uno de los anuncios centrales realizados en el Prado refiere a la tarifa eléctrica.
Hasta ahora, cuando un sistema de riego superaba los 250 kW de potencia contratada, pasaba de mediano a gran consumidor, generando un incremento importante en los costos fijos.
Ese límite será elevado a 800 kW.
“Al pasar de 250 a 800 prácticamente todos los sistemas de riego o todos los proyectos posibles quedan incluidos dentro de esa norma. Es una reducción importante del costo fijo”, explicó Aguerre.
La medida adquiere especial relevancia porque los sistemas de riego requieren inversiones importantes y tienen períodos de amortización prolongados. Según explicó el coordinador de la CEIAR, la inversión puede ubicarse en el entorno de US$ 4.000 a US$ 5.000 por hectárea, considerando fuente de agua, electrificación y equipos.
“Si fuera fácil, esto ya estaba hecho”, resumió.
A esto se suma la creación de una tarifa zafral específica para riego, que permitirá contratar el servicio durante seis meses y reducir sustancialmente el peso del cargo fijo por potencia.
De acuerdo con los datos presentados en la conferencia, el nuevo producto combinará el período de contratación zafral con un cargo por potencia equivalente al del mediano consumidor y mantendrá los beneficios existentes para el precio de la energía.
La combinación apunta además a otorgar mayor previsibilidad a los proyectos, un aspecto que Aguerre considera determinante cuando se trata de inversiones con horizontes de amortización de 15 o 20 años.
Una alternativa al gasoil
La modificación también busca mejorar la competitividad relativa de la energía eléctrica frente al gasoil.
Aguerre señaló que algunos productores habían planteado incluso la posibilidad de volver a utilizar motores a gasoil cuando el salto de categoría por superar los 250 kW hacía demasiado onerosa la energía eléctrica.
Con el nuevo límite de 800 kW, se procura evitar que el crecimiento de un proyecto de riego termine generando un incremento desproporcionado de sus costos energéticos.
El agua como inversión productiva
Para Aguerre, el debate sobre el riego no puede limitarse al costo de la energía.
El verdadero objetivo es utilizar el agua como una herramienta para incrementar la productividad, generar empleo, aumentar las exportaciones y darle mayor estabilidad a las distintas cadenas productivas.
“Necesitamos que un privado invierta. Para que invierta hay que generar determinadas condiciones de estímulo, para que esa inversión genere trabajo, genere exportaciones y genere una recaudación”, explicó.
El argumento productivo se sustenta además en la respuesta que presentan los cultivos al riego.
Aguerre señaló que, de acuerdo con investigaciones de la Universidad de la República desarrolladas durante 20 años, en nueve de cada diez años existe respuesta al riego en Uruguay.
Eso coloca al agua como una herramienta para reducir la variabilidad productiva, particularmente en un país donde los períodos de déficit hídrico pueden impactar fuertemente sobre los rendimientos.
Del productor individual al riego multipredial
Pero quizás uno de los cambios conceptuales más importantes planteados por Aguerre pasa por la forma de desarrollar el riego.
El modelo tradicional, basado en que cada productor construya su propia represa y sistema de riego, puede dejar afuera a establecimientos que no tienen escala, superficie, topografía o capacidad financiera suficiente.
“La lógica de que cada productor se embalse su propia agua deja por fuera del camino a todos aquellos que no tienen tamaño o que no tienen escala o que no tienen la topografía suficiente para embalsar agua”, sostuvo.
Por eso, la apuesta oficial es avanzar hacia proyectos multiprediales, donde varios productores puedan compartir una fuente de agua, una represa y la infraestructura necesaria para distribuirla.
La Ley de Riego de 2017 ya había previsto mecanismos asociativos y ahora se busca reglamentar y hacer operativos algunos de esos instrumentos.
Búsqueda informó que los proyectos multiprediales tendrán además beneficios adicionales dentro de la Comap y que se procura facilitar la transferencia de beneficios fiscales hacia los productores integrantes de las asociaciones.
“Tenemos que vencer el individualismo”
Aguerre fue contundente al explicar el cambio de paradigma que pretende impulsar.
“Si queremos desarrollar el riego del futuro, tenemos que vencer el individualismo para ir a una lógica multipredial”, afirmó.
La idea es que una infraestructura compartida pueda alcanzar una superficie mucho mayor que la que sería posible mediante pequeñas obras individuales.
El ejemplo planteado en la conferencia resulta ilustrativo: en una zona lechera, pequeñas represas individuales podrían permitir regar unas 700 hectáreas, mientras que una única represa estratégicamente ubicada podría abastecer unas 2.000 hectáreas mediante un sistema multipredial.
Para los productores de menor escala, particularmente en sectores como la lechería, el modelo podría abrir una puerta que hasta ahora permanecía parcialmente cerrada.
Reserva de agua para destrabar proyectos
Uno de los problemas que se busca resolver es el momento en que los proyectos multiprediales deben demostrar su viabilidad.
Aguerre lo definió como el problema del “huevo y la gallina”: para obtener la concesión de agua se necesita avanzar jurídicamente sobre las tierras involucradas, pero para comprometer a los distintos participantes es necesario saber primero si el proyecto resulta económica y técnicamente viable.
La respuesta será un mecanismo de reserva de agua.
Los interesados podrán presentar proyectos multiprediales y, cumpliendo determinadas condiciones, el Ministerio de Ambiente podrá reservar el recurso por un año, con posibilidad de prorrogarlo por otro período. Esto permitirá desarrollar estudios, incorporar productores, evaluar inversiones y analizar la sensibilidad económica antes de completar el proceso definitivo.
A esto se suma la construcción de una ventanilla única de inversiones en riego, destinada a simplificar y acelerar los trámites que deben realizar quienes decidan invertir.
“Estos son las medidas concretas para mejorar la condición del hoy. Nos queda el trabajo por delante, que es mejorar el desarrollo del riego del futuro”, señaló Aguerre.
El riego como motor de toda la cadena
La mirada de Aguerre trasciende el rendimiento de una hectárea determinada.
El objetivo es que una mayor disponibilidad de agua transforme cadenas completas, desde la agricultura hasta la ganadería y la lechería.
Uno de los ejemplos utilizados fue el maíz. Uruguay ha incrementado su producción, pero continúa dependiendo de importaciones. Una expansión significativa de la producción mediante sistemas con riego podría modificar esa ecuación y generar impactos sobre otras actividades que utilizan el grano como insumo.
La mayor disponibilidad de maíz también podría fortalecer la producción de carne a corral, la lechería y la avicultura.
En el caso de la ganadería, Aguerre vinculó el agua con la posibilidad de avanzar hacia sistemas productivos más estables, capaces de combinar campo natural, suplementación, producción de granos y riego.
La aspiración, en ese escenario, es que Uruguay pueda avanzar desde la histórica referencia de tres millones de terneros hacia un horizonte de cuatro millones, aunque el propio Aguerre advierte que el agua por sí sola no alcanza.
“Solo con agua no se hace eso, se requiere un montón de otras cosas, pero sin agua va a ser difícil que lo logremos”, concluyó.

Fotos: Presidencia.





