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La Unión Europea (UE) confirmó este viernes la aprobación por mayoría cualificada de un ambicioso acuerdo comercial con el Mercosur, que agrupa a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, abriendo paso a la firma oficial del tratado la próxima semana en Asunción, Paraguay.
Este pacto, que llevaba más de 25 años en negociación, es considerado potencialmente la mayor zona de libre comercio del mundo, integrando un mercado conjunto de cerca de 780 millones de personas y un volumen equivalente a alrededor del 25 % del PIB mundial.
Un hito diplomático con repercusiones económicas
El acuerdo busca eliminar o reducir hasta el 90 % de los aranceles al comercio bilateral de bienes y servicios entre la UE y Mercosur. Para la UE, la apertura de mercados sudamericanos representa una oportunidad para expandir exportaciones industriales como maquinaria, automóviles y productos tecnológicos, mientras que los países sudamericanos ven una gran plataforma para potenciar sus exportaciones agrícolas y de materias primas.
Representantes del Mercosur han celebrado la decisión. El presidente de Paraguay, Santiago Peña, afirmó que se trata de “una enorme oportunidad histórica” que podría dinamizar inversiones y empleo en la región.
En tanto, el canciller de Uruguay Mario Lubetkin aseguró en el programa Arriba Gente de Canal 10, que la aprobación este viernes por parte de la Unión Europea (UE) del acuerdo con el Mercosur “es un avance que puede significar el cierre definitivo de 25 años de discusión”, y calificó al tratado y la noticia recibida esta mañana como algo “extraordinario y fabuloso”.
Tensiones internas en Europa: rechazo y protestas
Aunque el acuerdo fue aprobado, no estuvo exento de polémica. Países como Francia, Irlanda, Polonia, Hungría y Austria votaron en contra del pacto, principalmente por preocupaciones sobre los efectos en sus agricultores y estándares sanitarios.
En varias capitales europeas, especialmente en París, desde hace varias jornadas miles de agricultores salieron con sus tractores a protestar en las calles y puntos estratégicos como la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, contra lo que consideran una competencia desleal de productos sudamericanos más baratos, con menores costos de producción y normas ambientales percibidas como menos estrictas.
El presidente francés Emmanuel Macron reiteró la oposición de su país al acuerdo sin garantías adicionales para proteger al sector nacional, y la crisis política se profundizó con intentos de mociones de censura y críticas de partidos de oposición.
Salvaguardas y compromisos ambientales
Para abordar las preocupaciones europeas, la UE incluyó cláusulas específicas de salvaguarda comercial que permiten imponer restricciones temporales si las importaciones de productos sensibles, como carne o pollo, causan daños significativos al mercado interno. Además, el tratado incorpora exigencias estrictas en cuanto a estándares sanitarios, fitosanitarios y ambientales, incluido un compromiso de que sólo productos libres de deforestación comprobada podrán ingresar al mercado europeo.
Según fuentes oficiales europeas, el acceso de productos como carne bovina y aves será limitado y no representa una amenaza significativa al mercado local, representando apenas 1–1,5 % de la producción total europea y sujeto a cuotas y aranceles específicos.
Próximos pasos: ratificación y firma
A pesar del aval de los gobiernos de la UE, el acuerdo aún requiere la ratificación tanto por el Parlamento Europeo como por los parlamentos nacionales de los Estados miembros y de los países del Mercosur, un proceso que puede demorar semanas o meses.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tiene previsto viajar a Asunción la próxima semana para firmar formalmente el tratado con los líderes sudamericanos, marcando un antes y un después en la relación birregional.
Impactos y expectativas
Para los economistas especializados, este pacto no solo reactiva un proyecto comercial largamente esperado, sino que responde a un entorno global cada vez más competitivo, donde la UE busca reducir su dependencia de mercados como China y Estados Unidos, diversificando sus relaciones y fortaleciendo el comercio con América Latina.
Sin embargo, los críticos advierten que el acuerdo podría poner presión sobre pequeñas explotaciones agrícolas, intensificar tensiones ambientales y plantear desafíos regulatorios complejos, especialmente en lo relativo a normas sanitarias, laborales y de protección ambiental.




